PARASHÁ Vezot Haberaja וְזֹאת הַבְּרָכָה

 Vezot Haberaja    וְזֹאת הַבְּרָכָה

“y esta es la bendición”

Deuteronomio Devarim 33:1 – 34:12
Haftará: Josué 1:1-9


Shabat, 10 Tishrei 5785 - Octubre 12, 2024


Pr. Patricia Zamora

 Antes de su muerte, Moshé, bendijo al pueblo de Israel. En un lenguaje muy formal y estilístico describió la buena fortuna que le sería deparada a cada una de las tribus. Concluyó con alabanzas a Elohim, cuya protección y amor habían de ser eternos, a condición de que el pueblo respondiese con el reconocimiento y la aceptación de Su poder.


La vida del gran dirigente estaba llegando a su fin. Moshé ascendió desde las planicies de Moab hasta las alturas del monte Nevó, la cumbre del Pisgá. Allí, a solas con Elohim, le fue mostrada toda la tierra de Guilad, hasta Dan; toda la de Naftalí, Efraim, Menashé y Iehudá, hasta el mar, el Néguev en el sur, y el valle de Ierijó, tan lejano como Zóar. Esta tierra sería otorgada a los hijos de Israel, tal como Elohim había prometido a sus antepasados.


Luego Moshé alcanzó su eterna paz en la tierra de Moab. Fue inhumado en el valle, pero nadie conoce el sitio exacto de su sepultura. Aunque tenía 120 años cuando murió, había conservado su vitalidad física, espiritual e intelectual hasta el fin. Durante treinta días los hijos de Israel volvieron sus rostros hacia su nuevo dirigente, Iehoshúa, que los guiaría hacia la conquista de la tierra de Canaán bajo la supervisión de Elohim. La Torá concluye con la declaración de que «nunca más se levantó profeta en Israel como Moshé, a quien conociera el Señor cara a cara»

 

Las palabras y las acciones de Moshé en esta parashá se convierten en un legado duradero para el pueblo judío. Y la casa de Israel, sus bendiciones continúan resonando a través de los siglos.


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