Parashá VaYetzé " Y Salió"
Parashá VaYetzé
Bereshit 28:10-32:2 "Y Salio"
Al
llegar a Jarán, Yaacov encuentra a Rajel
(Raquel) junto al pozo. Se enamora profundamente y acepta
trabajar siete años por ella. Sin embargo, su suegro Laván (Labán) lo engaña
entregándole a Leá (Lea).
Comienza así una temporada de injusticias, manipulaciones y pruebas. A pesar de
ello, Elohim sostiene a Yaacov, abre el vientre de Lea, y posteriormente el de
Rajel, formando así las raíces de las Doce
Tribus de Israel por medio de una combinación de amor, dolor,
competencia y redención.
Yaacov
sirve a Laván con integridad, aun cuando este cambia su salario varias veces.
Sin embargo, Elohim continúa prosperándolo de forma sobrenatural, multiplicando
su ganado y su influencia. Después de veinte años, Yaacov recibe una
instrucción divina: “Regresa
a la tierra de tus padres”. Su obediencia marca el cierre de un
ciclo iniciático. Ya no es solo el joven engañador; ahora es un hombre
transformado por la fidelidad de Elohim, la lucha interna, las pruebas
familiares y la experiencia espiritual profunda.
Mientras
huye secretamente de Laván con su esposa, hijos y bienes, Elohim interviene
nuevamente, aparece a Laván en sueños y lo detiene de hacerle daño. Finalmente,
ambos hacen un pacto de separación en paz. La parashá concluye con Yaacov en
camino hacia su encuentro con Esav
(Esaú), un encuentro que representará el cierre definitivo de
sus luchas internas y externas.
VaYetzé
es la historia de todo creyente que sale de un lugar de comodidad para entrar
en un proceso de transformación. Como Yaacov, muchos comienzan la jornada
sintiéndose solos, pero Elohim se revela en los lugares más duros. La escalera representa la
conexión permanente entre nuestras crisis y la presencia divina; nada está
desconectado de su propósito.
Cada
etapa de la vida, el amor, el trabajo, la injusticia, el crecimiento, la
espera, el regreso es parte del camino sagrado donde Elohim va formando nuestro
carácter. Yaacov no fue transformado por la facilidad, sino por la
perseverancia. Su historia nos recuerda que Elohim nunca deja a alguien en el mismo punto donde lo
encontró.
La invitación para hoy es
clara: Permitir que Elohim
nos guíe por el proceso, creer en su compañía aun en la incertidumbre, y
caminar hacia adelante confiando en que Él cumple cada promesa que habló sobre
nosotros.

Comentarios
Publicar un comentario