Parashá VaYetzé " Y Salió"



Parashá VaYetzé

 Bereshit 28:10-32:2 "Y Salio"


/9 de Kislev de 5786

Pr: David Bentancourt

La parashá comienza con la salida de Yaacov (Jacob) desde Beer Sheva rumbo a Jarán, un viaje no solo geográfico sino profundamente espiritual. Solo, vulnerable y fugitivo, Yaacov se acuesta a descansar usando una piedra como almohada. En ese instante oscuro, Elohim abre los cielos y le muestra una visión que marcará su vida: una escalera que conecta la tierra con el cielo, con malajim (ángeles) que suben y bajan. Es la revelación de que la Tierra y el Cielo no están desconectados y de que Elohim acompaña cada paso de quienes Él llama. Allí recibe la promesa de la protección divina, la tierra prometida y la multiplicación de su descendencia, y Yaacov responde con un voto sincero de fidelidad.

Al llegar a Jarán, Yaacov encuentra a Rajel (Raquel) junto al pozo. Se enamora profundamente y acepta trabajar siete años por ella. Sin embargo, su suegro Laván (Labán) lo engaña entregándole a Leá (Lea). Comienza así una temporada de injusticias, manipulaciones y pruebas. A pesar de ello, Elohim sostiene a Yaacov, abre el vientre de Lea, y posteriormente el de Rajel, formando así las raíces de las Doce Tribus de Israel por medio de una combinación de amor, dolor, competencia y redención.

Yaacov sirve a Laván con integridad, aun cuando este cambia su salario varias veces. Sin embargo, Elohim continúa prosperándolo de forma sobrenatural, multiplicando su ganado y su influencia. Después de veinte años, Yaacov recibe una instrucción divina: “Regresa a la tierra de tus padres”. Su obediencia marca el cierre de un ciclo iniciático. Ya no es solo el joven engañador; ahora es un hombre transformado por la fidelidad de Elohim, la lucha interna, las pruebas familiares y la experiencia espiritual profunda.

Mientras huye secretamente de Laván con su esposa, hijos y bienes, Elohim interviene nuevamente, aparece a Laván en sueños y lo detiene de hacerle daño. Finalmente, ambos hacen un pacto de separación en paz. La parashá concluye con Yaacov en camino hacia su encuentro con Esav (Esaú), un encuentro que representará el cierre definitivo de sus luchas internas y externas.

VaYetzé es la historia de todo creyente que sale de un lugar de comodidad para entrar en un proceso de transformación. Como Yaacov, muchos comienzan la jornada sintiéndose solos, pero Elohim se revela en los lugares más duros. La escalera representa la conexión permanente entre nuestras crisis y la presencia divina; nada está desconectado de su propósito.

Cada etapa de la vida, el amor, el trabajo, la injusticia, el crecimiento, la espera, el regreso es parte del camino sagrado donde Elohim va formando nuestro carácter. Yaacov no fue transformado por la facilidad, sino por la perseverancia. Su historia nos recuerda que Elohim nunca deja a alguien en el mismo punto donde lo encontró.

La invitación para hoy es clara: Permitir que Elohim nos guíe por el proceso, creer en su compañía aun en la incertidumbre, y caminar hacia adelante confiando en que Él cumple cada promesa que habló sobre nosotros.

Tal como Yaacov, cada uno está en un viaje donde Elohim toma nuestra historia, la limpia, la moldea y la convierte en propósito eterno. En cada paso, Él nos dice: “Yo estoy contigo y no te dejaré”

Shabat Salom!!


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