Parashá Vayigash

 

Parashá Vayigash

Bereshit 44:18-47:27 "Y Se Acerco"

/7 de Tevet de 5786

Pr: David Betancourt

La Parashá Vayigash se abre con un gesto que cambia el rumbo de la historia: Yehudá (Judá) se acerca a Yosef (José). No se acerca para defenderse ni para reclamar justicia, sino para interceder. Sus palabras brotan desde la responsabilidad y el amor por su padre Yaakov (Jacob) y por su hermano Binyamín (Benjamín). El Yehudá que una vez propuso vender a Yosef ahora está dispuesto a convertirse en esclavo con tal de salvar a otro. Aquí comienza la verdadera redención: cuando el corazón transforma su intención.

Este acto rompe todas las barreras. Yosef, quien había sido vendido, humillado y encarcelado, ya no puede ocultar su identidad. Entre lágrimas se revela a sus hermanos y pronuncia palabras que resuenan como medicina para el alma herida: “Yo soy Yosef… pero no fueron ustedes quienes me enviaron aquí, sino Elohim”. En lugar de venganza, hay propósito; en lugar de resentimiento, hay visión espiritual. Yosef comprende que cada dolor fue parte de un plan mayor para preservar vida en tiempos de hambre y salvar a una nación entera. La culpa de los hermanos queda desarmada ante el perdón. El pasado no es negado, pero sí redimido. Yosef les muestra que Elohim puede tomar la traición humana y transformarla en instrumento de salvación. El exilio en Egipto no fue una desgracia, sino el escenario donde Elohim estaba preparando el futuro de Israel.

Cuando Yaakov escucha que Yosef vive, algo revive también dentro de él. El padre que había llorado a su hijo durante años ahora recibe esperanza. Con dirección divina, desciende a Egipto, asegurado por la promesa de que Elohim irá con él y lo hará volver. El reencuentro entre padre e hijo es un momento cargado de restauración emocional, espiritual y generacional. Lo que parecía perdido para siempre es devuelto con mayor gloria.

Israel se establece en la tierra de Gosén y prospera aun en medio del exilio. Bajo el cuidado de Yosef, el pueblo crece, se fortalece y se prepara sin saberlo para su futuro llamado. La parashá concluye mostrando que Elohim no solo restaura personas, sino que posiciona a Su pueblo estratégicamente dentro de la historia.

Vayigash nos enseña que el acercamiento correcto libera revelaciones profundas. Cuando dejamos de actuar desde la herida y comenzamos a movernos desde el amor y la responsabilidad, Elohim interviene poderosamente. Yehudá se acerca y Yosef se revela; el perdón abre la puerta al propósito. Este parashá nos recuerda que el dolor no tiene la última palabra. Elohim sigue escribiendo incluso cuando creemos que la historia terminó en traición. El exilio puede convertirse en preparación, y la herida más profunda en la fuente de mayor sanidad.

Tres puntos para recordar:  Acércate en humildad, Perdona con visión eterna y Confía en que Elohim sigue gobernando tu historia

Porque cuando elegimos el camino del perdón y la obediencia, Elohim transforma lo quebrado en salvación y revela Su gloria en medio de nuestras lágrimas.

Shabat Shalom!!

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