Parashá Mishpatim

 

Parashá Mishpatim
Éxodo 21:1-24:18 "Ordenanzas"





Pr: Patricia Zamora

Del Sinaí al Nuevo Pacto: Mishpatim y su Cumplimien.

La Parashá Mishpatim (Éxodo 21–24), dentro del Libro del Éxodo, nos muestra cómo debe vivir un pueblo que ha sido redimido. No comienza con leyes abstractas, sino con la memoria de la liberación: “Yo soy YHWH tu Adonai que te saqué de Egipto” (Éx 20:2). La redención precede a la obligación. Primero Adonai salva; luego establece su pacto.

1. El siervo que ama: ( Mesías)

El primer tema legal es el siervo hebreo (Éx 21:1–6). Después de seis años, el siervo debía quedar libre. Pero si por amor decidía quedarse con su señor, su oreja era perforada como señal de entrega voluntaria.

Aquí encontramos una figura profética. El Mesías es el Siervo obediente que, teniendo libertad, se entrega voluntariamente. El Salmo 40:6 declara: “Has abierto mis oídos”, texto aplicado mesiánicamente en Epístola a los Hebreos 10:5–10 para describir la obediencia perfecta del Ungido. Donde Israel falló en obediencia, el Mesías obedeció hasta el fin.

La redención no se sostiene por coerción, sino por amor.

2. Justicia y sustitución

Mishpatim establece el principio de proporcionalidad: “ojo por ojo” (Éx 21:23–25). Lejos de promover venganza, limita la violencia y exige justicia equilibrada. Pero la historia bíblica demuestra que nadie puede cumplir perfectamente esa justicia.

El profeta Isaías anuncia al Siervo sufriente: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones” (Is 53:5). La justicia proporcional encuentra su resolución en la sustitución redentora. El Mesías recibe lo que correspondía al culpable. No anula la justicia; la satisface.

Así, la ley revela el estándar; el Mesías provee el cumplimiento.

3. La sangre del pacto

En Éxodo 24:8, Moisés declara: “He aquí la sangre del pacto”. El pacto sinaítico fue sellado con sangre, señal de vida entregada. Sin embargo, la historia posterior muestra que Israel quebrantó ese pacto. En Libro de Jeremías 34, el pueblo libera a sus esclavos conforme a la ley, pero luego los vuelve a esclavizar. Violaron el pacto y profanaron el Nombre.

Ante ese fracaso, Jeremías anuncia una esperanza mayor: un nuevo pacto escrito en el corazón (Jer 31:31–33).

Siglos después, en la última cena, el Mesías declara: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (Lc 22:20). La sangre rociada en Sinaí anticipaba una sangre definitiva. El pacto antiguo mostraba el camino; el nuevo pacto transforma el corazón.

4. Libertad verdadera

Mishpatim ordenaba liberar al esclavo en el séptimo año. La libertad era señal de que Israel mismo había sido liberado. Pero Jeremías denuncia que esa libertad fue negada.

El Mesías retoma esa promesa en términos más profundos: “El Espíritu del Señor está sobre mí… para proclamar libertad a los cautivos” (Is 61:1). La liberación ya no es solo social; es espiritual. Donde el pueblo falló en sostener justicia, el Mesías inaugura una libertad interior y eterna.

Mishpatim nos muestra el ideal de una comunidad justa. Jeremías revela el fracaso humano para sostener ese ideal. Un Siervo obediente, una justicia satisfecha, una sangre que sella un nuevo pacto y una ley escrita en el corazón.

Del Sinaí a la cruz, el mensaje es coherente:
Adonaí libera para formar un pueblo justo.
Cuando el pueblo falla, Adonaí provee al Mesías.
La ley señala el camino; el Mesías lo cumple.

Así, Mishpatim no es solo legislación antigua; es sombra de una redención mayor, donde la justicia y la misericordia se encuentran, y la libertad se convierte en realidad permanente.

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