Parashá Mishpatim
Parashá Mishpatim
Éxodo 21:1-24:18 "Ordenanzas"
1. El siervo que ama: ( Mesías)
El primer tema legal es el siervo hebreo (Éx 21:1–6).
Después de seis años, el siervo debía quedar libre. Pero si por amor decidía
quedarse con su señor, su oreja era perforada como señal de entrega voluntaria.
Aquí encontramos una figura profética. El Mesías es el
Siervo obediente que, teniendo libertad, se entrega voluntariamente. El Salmo
40:6 declara: “Has abierto mis oídos”, texto aplicado mesiánicamente en
Epístola a los Hebreos 10:5–10 para describir la obediencia perfecta del
Ungido. Donde Israel falló en obediencia, el Mesías obedeció hasta el fin.
La redención no se sostiene por coerción, sino por
amor.
2. Justicia y sustitución
Mishpatim establece el principio de proporcionalidad:
“ojo por ojo” (Éx 21:23–25). Lejos de promover venganza, limita la violencia y
exige justicia equilibrada. Pero la historia bíblica demuestra que nadie puede
cumplir perfectamente esa justicia.
El profeta Isaías anuncia al Siervo sufriente: “Mas él
herido fue por nuestras rebeliones” (Is 53:5). La justicia proporcional
encuentra su resolución en la sustitución redentora. El Mesías recibe lo que
correspondía al culpable. No anula la justicia; la satisface.
Así, la ley revela el estándar; el Mesías provee el
cumplimiento.
3. La sangre del pacto
En Éxodo 24:8, Moisés declara: “He aquí la sangre del
pacto”. El pacto sinaítico fue sellado con sangre, señal de vida entregada. Sin
embargo, la historia posterior muestra que Israel quebrantó ese pacto. En Libro
de Jeremías 34, el pueblo libera a sus esclavos conforme a la ley, pero luego
los vuelve a esclavizar. Violaron el pacto y profanaron el Nombre.
Ante ese fracaso, Jeremías anuncia una esperanza
mayor: un nuevo pacto escrito en el corazón (Jer 31:31–33).
Siglos después, en la última cena, el Mesías declara:
“Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (Lc 22:20). La sangre rociada en
Sinaí anticipaba una sangre definitiva. El pacto antiguo mostraba el camino; el
nuevo pacto transforma el corazón.
4. Libertad verdadera
Mishpatim ordenaba liberar al esclavo en el séptimo
año. La libertad era señal de que Israel mismo había sido liberado. Pero
Jeremías denuncia que esa libertad fue negada.
El Mesías retoma esa promesa en términos más
profundos: “El Espíritu del Señor está sobre mí… para proclamar libertad a los
cautivos” (Is 61:1). La liberación ya no es solo social; es espiritual. Donde
el pueblo falló en sostener justicia, el Mesías inaugura una libertad interior
y eterna.
Mishpatim nos muestra el ideal de una comunidad justa.
Jeremías revela el fracaso humano para sostener ese ideal. Un Siervo obediente,
una justicia satisfecha, una sangre que sella un nuevo pacto y una ley escrita
en el corazón.
Del Sinaí a la cruz, el
mensaje es coherente:
Adonaí libera para formar un pueblo justo.
Cuando el pueblo falla, Adonaí provee al Mesías.
La ley señala el camino; el Mesías lo cumple.
Así, Mishpatim no es solo legislación antigua; es
sombra de una redención mayor, donde la justicia y la misericordia se
encuentran, y la libertad se convierte en realidad permanente.
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