Parashat Nitzamin- Vaielej
Parashá Nitzamín-Vaielej
Deuteronomio 30:9-31:30 "Firmes"
En la Parashá Nitzavim Moisés reúne a
todo el pueblo de Israel (desde los líderes hasta los aguateros) en el último
día de su vida terrenal para renovar el pacto eterno con Elohin. Moisés aclara
que el pacto no es solo para los presentes en ese momento, sino también para
las generaciones futuras. La Teshuvá (Arrepentimiento) advierte sobre el
peligro de la idolatría, pero promete que si el pueblo se dispersa por
desobediencia, Dios los hará regresar con un corazón renovado si se
arrepienten. La Torá es Accesible, también deja en claro que la Ley divina
"no está en los cielos" ni más allá del mar; es cercana, práctica y
está al alcance de la boca y el corazón de cualquiera. Termina con la más
trascendental elección “Elige la Vida” contiene el llamado donde Elohin pone
ante el ser humano el bien y el mal, la bendición y la maldición, exhortando:
"Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia".
La Parashá Vaielej que es la más corta
de toda la Torá (solo 30 versículos) se enfoca en el traspaso del liderazgo.
Moisés, a sus 120 años, traspasa su liderazgo y anuncia que ya no cruzará el
río Jordán. Por orden divina nombra formalmente a Josué (Yehoshúa) como el
nuevo líder encargado de guiar al pueblo hacia la Tierra Prometida. Ordena que cada siete años (durante el año de
la Shmitá o año sabático), todo el pueblo hombres, mujeres y niño deben
reunirse durante la festividad de Sucot para escuchar la lectura pública de la
Torá. También hace colocar el rollo de la Torá en el Arca del Pacto y da todas
las instrucciones que Adonaí quiere entregar a su pueblo a través de su
liderazgo.
En estas dos parashás encontramos una
paradoja espiritual Nitzavim representa la estabilidad de estar firmes en las
raíces y principios, mientras que Vayelej representa el movimiento, el avance y
el crecimiento constante. La vida espiritual requiere de ambos equilibrios.
Esta semana en la lectura conjunta de
Nitzavim y Vaielej se nos recuerda que la plenitud espiritual exige un
equilibrio dinámico: necesitamos la firmeza inquebrantable de nuestras raíces y
convicciones (Nitzavim), junto con la disposición constante para avanzar,
crecer y aceptar los nuevos ciclos (Vaielej).
También a través del traspaso de liderazgo de Moisés a Josué y la renovación de un pacto que trasciende generaciones, el texto nos enseña que la espiritualidad no requiere hazañas inalcanzables ni buscar respuestas fuera de nuestro alcance, pues no están más allá de nosotros, ni están lejos. No están en el cielo… No están del otro lado del mar… Por el contrario, son muy cercanos, en tu boca, en tu corazón, para que lo lleves a la práctica. La sabiduría divina ya reside en nuestra propia boca y corazón, otorgándonos el poder y la responsabilidad diaria de unir nuestras convicciones que nos sostienen y nos dan estabilidad y fuerzas para que nuestras acciones reflejen que cada día elegimos vivir una vida con propósito según los preceptos de la Tora.
Shabat Shalom
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