Parashá Bo

 

Parashá Bo

Éxodo 10:1-13:16 "Ven"


24 de enero de 2026 /6 de Shevat de 5786
                          
Pr: Cecilia Reyes

Esta porción de la Escritura nos relata las últimas tres plagas de las diez que Adonai había dispuesto para Egipto. Ahora sabemos que fueron diez, pero en aquel tiempo venían una a la vez, y realmente no se conocía hasta cuándo y cuántas plagas más iban a caer sobre Egipto. Las palabras hebreas para plaga son: negéf o magefá, palabras que de acuerdo con el diccionario quieren decir «plaga, pestilencia (juicio divino)»
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Este parashá inicia con: בֹּ֖א אֶל־פַּרְעֹ֑ה (bo el pharo). Regularmente esta frase se traduce como “ve al faraón”. El Eterno le encarga a Moisés la difícil tarea de ir nuevamente ante faraón para que deje ir a su pueblo, sin embargo una traducción más correcta sería “ven”. Esto estaría más acorde al carácter de Adonai, cuando asigna una tarea no te deja solo; no dice “ve y que te vaya bien”, al contrario dice “Yo estaré contigo”. Por eso le dice a Moisés “ven a faraón”, es una forma de decir que cuando estés frente a faraón para decirle lo que va a acontecer, “YO” estaré contigo. De ahí la seguridad de Moisés para presentarse ante faraón junto con su hermano Aarón.

El pueblo egipcio adoraba a muchos dioses. La octava plaga es la de las langostas; estas devoraron lo que había quedado tras la plaga del granizo. Representa el juicio divino contra los múltiples dioses relacionados con la agricultura, la fertilidad y la protección de los cultivos, demostrando la incapacidad de los dioses y del faraón para proteger al pueblo dando el alimento que es el sustento vital del hombre. La langosta fue un ataque directo a la economía agrícola que sostenía el imperio egipcio y al faraón.

El principal dios de la cultura egipcia era Ra, el dios supremo del sol, y la novena plaga, la oscuridad, representa principalmente la derrota de Ra. Al cubrir la tierra de Egipto con tinieblas durante tres días, se demostró la impotencia de Ra frente al Dios de Israel. El faraón era considerado el “hijo de Ra”, por lo que la plaga fue una humillación directa a su divinidad. Se describe a esta plaga, la de la oscuridad, como que se podía palpar, y esto representa un anticipo de la muerte y el caos, anulando la luz de Ra, demostrándose una vez más la incapacidad de los dioses egipcios para proteger a su pueblo.

La décima plaga está relacionada con el primogénito. La sociedad egipcia estaba construida sobre el culto al primogénito, Osiris, el hijo primogénito de Ra, y se consideraba que había una línea directa desde el primogénito de Ra hasta el que fue el primer faraón. Esta plaga destruyó la ilusión final de poder e inmortalidad del líder del primogénito.

El primogénito de Adonai es Israel, y para protegerlo le ordenó que hiciera el sacrificio de un cordero según las instrucciones que le dio a Moisés y pusiera la sangre del cordero en los dinteles de las puertas donde habitaban los israelitas. Leemos en la parashá una promesa: “cuando vea la sangre, pasaré sobre ti y la plaga no estará sobre ti para destruirte cuando hiera la tierra de Egipto”.

“Pasaré sobre ti” se instaura Pesaj. El cordero del sacrificio con cuya sangre se marcaron los dinteles de las puertas en aquella época fue el inicio de la libertad de Israel del dominio de Egipto, el inicio de un nuevo camino de la mano de Adonai, donde fueron sacados de Egipto los israelitas y “una multitud mixta de gente” (Éxodo 12:37-39).
Fue el símbolo, la promesa y el fundamento para la salvación de Israel de la esclavitud; fue la antesala del cordero considerado “como habiendo sido sacrificado” (Apocalipsis 5:6), con cuya sangre es ungido el corazón de quien acepta su sacrificio. Es el símbolo y el fundamento para la salvación que Yeshúa trajo a la tierra, tanto para judíos como para gentiles.

Las promesas de Adonai son firmes y duraderas, así que hermanos, debido a sus promesas, somos salvos en Yeshúa Hamashíaj.

Shabat Shalom!!





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